
Era martes por la tarde, un día gris y lluvioso. Salí del colegio a toda prisa porque tenía que hacer un trabajo sobre una película de terror.
Llegué a casa y cuando abrí la puerta me encontré con que no había nadie, deje la mochila y llamé a mi madre:
-¿Qué quieres Mari?
-Nada, que he llegado del colegio y me ha parecido raro q no estuvieras en casa. ¡Por si había pasado algo!
-¡Ah! Pues estoy en el centro por ahora no iré a casa ¡haz los deberes! ¡eeeh!
-Vale, pero no tardes que tengo que hacer un trabajo sobre una peli de miedo, y no me hace gracia estar sola.
- ¡Vale! pero ¡haz los deberes!- me repitió
-Adiós.- le dije y colgué, pensando en lo pesada que son las madres.
Me decidí por REC, una película que me gustaba y que iba de los vecinos de una finca a los que la policía deja encerrados en cuarentena porque cogen un virus.
Empezaron los títulos y la verdad es que no me sentía muy segura, llevaba 10 minutos de película, cuando de repente escuché el ruido del teléfono de casa. Me sobresalté porque me acordé de aquella escena que vi hace unos meses en la tele, una serie de terror donde a una chica se le iba la luz de toda la casa y le empezaba a sonar el móvil. Dudaba si responder el móvil y aunque el tono era estridente decidí dejarlo sonar.
Seguí con la peli porque al final con tanta tontería acabaría sin hacer el trabajo en el que me jugaba la nota de la evaluación. Me impresionaba la imagen que ahora estaba viendo, una abuela de pelo canoso y sucio, con un camisón tan blanco como el de una nube pero lleno de manchas de un intenso rojo, parecía como de otro mundo, allí al final del pasillo. Me entró una sensación escalofriante.
Me sentía agobiada y decidí darme una ducha calentita para relajarme. Abrí el grifo del agua y al caerme las primeras gotas, me vino a la mente la sombra de Anthony Perkins con el cuchillo en la mano, zarandeándolo para clavármelo a través de la cortina, pegué un grito que se tubo que enterar hasta el vecino del primero.
Para sosegarme decidí ponerme música clásica, estaba secándome el pelo cuando de repente pensé:
- Como entre alguien,con este ruido no lo podré oír.
Así que apagué el secador y justo en ese momento oí rodar la llave en la cerradura y me relajé pensando:
-Ya está aquí mi madre.
Fui corriendo hasta la puerta para ver qué me había comprado, pero a llegar a la entrada vi que no había nadie, me quedé sorprendida. Me asomé por la mirilla de la puerta acorazada y con terror vislumbre una sombra alejándose escaleras abajó.
Intenté ansiosa abrir, el picaporte pero, enseguida comprendí que me habían encerrado por fuera con llave.
Me puse histérica, los ojos se me empezaron a encharcar de lágrimas. Empecé a no escuchar, a ver todo borroso y me caí redonda al suelo.
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