
Hace un montón de años, estábamos mi prima y yo, solas en casa de mi abuela sin saber que hacer. Entonces empezamos a rebuscar por los cajones, por los armarios y debajo de cama.
Encontramos una caja muy vieja, recubierta de polvo, cuando la teníamos entre las manos, nos asustamos con el portazo de mi abuela que había vuelto de la compra y nos escondimos rápidamente debajo de la cama con el misterioso objeto.
Días después la interrogamos y aunque al principio no quería hablar, al cabo de unas horas accedió a mostrarnos el contenido de la misteriosa caja.
Pegamos un respingo cuando la abrió. Era una muñeca de porcelana repulsiva, tuerta de un ojo, desgreñada, le faltaban dedos en las manos y tenía el vestido manchado de humedad y descompuesto.
- ¡ Será para una de vosotras!- añadió mi abuela con el juguete en la mano.
Sentimos un escalofrío que nos recorrió la espalda solo de pensar en tenerla dentro de nuestra propia casa.
gracias a dios le tocó a mi prima. Desde ese día juré que no me quedaría jamás a dormir con ella.
Pero por desgracia, hubo un día que por obligación me quedé, y allí estaba la muñeca en cima de la cama, como si me estubiera esperando. Nos fuimos a ver la tele y cuando regresamos a la habitación no estaba en su sitió.
- Hay que encontrarla- dije mirando por debajo de la cama.
Mi prima aterrorizada empezó a rebuscar por toda la casa, cuando escuchó un ruido muy lejano como si viniera de la otra parte de la casa y dijo mi prima:
- ¿Que es ese ruido? ¿de donde viene?
-yo no he oído nada.
Entonces seguí investigando. Al cabo de un rato mi prima volvió a escuchar un zumbido pero no sabíamos de donde procedía. Pensé que eran imanaciones suyas, pero ahora era yo la que oía esa voz aguda, chillona, espeluznante que venía de la habitación de mis tíos.
Cuando llegamos vimos una sombra detrás de las cortinas.
- ¿ Has visto esa sombra? da un poco de miedo.
Yo, sin hablar, fui a descorrer la cortina y al mismo tiempo nos entró un escalofrío por la espalda al saber que no había nada detrás.
Corrimos a la salita y nos encerramos. Era una habitación muy pequeña, con una mesa de centro y cuatro sillas de rejilla. En un rincón había una televisión muy antigua.
Cuando llegaron mis tíos nos preguntan:
-¿Que hacéis enceradas?
Descorrimos el pestillo con miedo y dijimos las dos a la vez:
- La muñeca no está en el mismo sitió donde la habíamos dejado.
Mi tío empezó a reírse y a burlarse de nosotras.
-¿Como que no está en el mismo sitió? vamos a mirar.
Entro primero mi tío y encendió la luz la muñeca estaba en cima de la cama. Se fueron todos y me quedé sola delante de ella, cuando iba a marcharme me guiñó el único ojo que le quedaba.
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