martes, 29 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
El entrenamiento

Me fui a entrenar al polideportivo de Nazaret como todos los martes.
Como todos los martes miraba a todas las chicas atractivas que pasaban hacia las pistas de tenis, con sus pantaloncitos y sus minifaldas.
Mientras me ponía los pantalones cortos y las botas de tacos me di cuenta que llevaba los ridículos calzoncillos que me habían regalado mis colegas por mi cumpleaños.
Deseé que no me los viesen, por eso me sobresalto la vos de mi entrenador bramando:
Como todos los martes miraba a todas las chicas atractivas que pasaban hacia las pistas de tenis, con sus pantaloncitos y sus minifaldas.
Mientras me ponía los pantalones cortos y las botas de tacos me di cuenta que llevaba los ridículos calzoncillos que me habían regalado mis colegas por mi cumpleaños.
Deseé que no me los viesen, por eso me sobresalto la vos de mi entrenador bramando:
-¡vamos cabrones, a correr!
Comenzamos los estiramientos de siempre. Primero movimiento articular: los poderosos gemelos, los fornidos brazos, para acabar completamente entonado al llegar a los ejercicios dedicados a la amplia espalda y a mi vigoroso cuello. Nos equipamos con los cascos rojos y las amplias corazas.
Por fin, los diez jugadores seleccionados formamos un hodol de ataque. El quaterback nos dictó la jugada y nos pusimos en la línea con ganas de placar al enemigo que formaba enfrente.
El quaterback gritó:
-¡set, hot, hot! – Ahí empezó la jugada, yo tenía que abrir paso al quaterback así que empecé a meter cabezazos y placages. Hicimos unas cuantas jugadas hasta que el entrenador gritó:
-¡venir aquí, rodilla al piso!-. Me arrodille, reventado por el esfuerzo y enseguida la vi, una rubia con ojos azules, de lo mejor que había visto. Sentí un flechazo, como si tuviese mil mariposas volando dentro de mí. Impulso, atracción, amor, como queráis llamarlo, pero mi corazón me lo demostró muy claramente: era la mujer de mi vida.
De pronto todo el equipo rompió la formación gritando:
-¡venir aquí, rodilla al piso!-. Me arrodille, reventado por el esfuerzo y enseguida la vi, una rubia con ojos azules, de lo mejor que había visto. Sentí un flechazo, como si tuviese mil mariposas volando dentro de mí. Impulso, atracción, amor, como queráis llamarlo, pero mi corazón me lo demostró muy claramente: era la mujer de mi vida.
De pronto todo el equipo rompió la formación gritando:
-¡Hu, Hu, Hu, un, dos, tres, giants!- y enseguida desperté de mi apasionado sueño.
Como quería volverla a ver aproveché y me cambié en la banda, por alcanzarla en la salida.
Cuando estaba con los pantalones bajados oí una voz a mi espalda:
Cuando estaba con los pantalones bajados oí una voz a mi espalda:
-¡Que calzoncillos tan cuquis! – Me giré para mirarla de frente. Se me presentó directamente con una sonrisa incitante:
- Me llamo Yadira, eres de los machotes que entrenan a fútbol americano.
Entonces saqué pecho y me lancé a saludarla con intención de darle dos besos, olvidando que llevaba los pantalones por las rodillas y me tropecé. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que llevaba los ridículos calzoncillos que me habían regalado mis colegas por mi cumpleaños.
Deseé que no me los viesen, por eso me sobresalto la voz de mi entrenador bramando:
_!vamos cabrones, a correr!
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